El Miedo en los Emprendedores: ¿Cómo Enfrentarlo?.

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Cada vez es más común entre los profesionistas actuales, el deseo por emprender un negocio que les permita desarrollarse como empresarios así como hacer reales muchas ideas nuevas, creativas y frescas con las que quizá crecieron desde sus épocas de estudiantes.

Sin embargo, proporcional al creciente número de ideas, es creciente el número de emprendedores que se detienen al toparse con un viejo sentimiento que, de no ser manejado, puede convertirse en su mayor barrera para llegar al éxito. El miedo.

Quizá tenemos idea de lo que es el miedo o sabemos qué circunstancias o cosas son las que nos lo provocan, sin embargo, cuando este se hace presente ante un nuevo proyecto donde a veces, la fe y nosotros mismos, son lo único que tenemos antes de materializar nuestros sueños; puede llegar a paralizarnos alejándonos de nuestro camino hacia el mundo de los negocios. Contrario a lo que estamos acostumbrados a hacer que es, por lo general, repetirnos un millón de veces “¡Yo puedo, no tengo miedo, no tengo miedo!”, ¿será posible que la forma de hacer del miedo un arma es haciéndolo nuestro amigo? Por esto, a continuación te damos algunas formas de presentarte ante el miedo y ponerlo de tu lado de la cancha.

Comencemos por pensar cómo le hablamos al miedo, puede ser que nunca hayamos pensado conscientemente en este sentimiento, pero por lo general, acostumbramos a referirnos a él de dos maneras en esos momentos donde solos, hablamos con nosotros mismos: La primera es recriminándonos todo aquello por lo que el miedo nos hace pasar, por ejemplo; “Ya sabía que iba a dejar ir esa oportunidad, ¡siempre es lo mismo conmigo!, ¡no tengo lo que se necesita!”. En la segunda opción, sin saberlo, hacemos del miedo un “ente” que vive dentro de nosotros y decimos: “Qué coraje tengo, ¡si tan sólo te fueras y no te volviera a sentir!, siempre apareces cuando tengo ideas cerca de hacerse realidad”.

Debe quedar claro que de las dos, ninguna es una buena opción y es por una simple razón: en ambos casos nos hacemos daño a nosotros mismos; ni lo resolvemos, ni nos ayuda. En la primera, es hacia nosotros hacia quien decidimos enviar la incapacidad de hacer algo y aparte, terminar con unas agruras de culpa de las que, hasta pena nos da pensar. En la segunda, que no es mejor que la anterior; le gritamos a un miedo al que ni siquiera hemos tenido la oportunidad de conocer. Una vez esclareciendo éstas o más formas de interactuar con el miedo, te diremos cómo hacer un nuevo amigo.

Personaliza al miedo. ¡Sí!, aunque quizá la segunda opción no es tan buena si sólo le reclamamos, pensar en el miedo conscientemente como una instancia aparte de nosotros, ayuda a poderlo controlar. Es necesario poner mucha atención cuando comenzamos a sentirlo, si comienza por un vació en el estómago, nos provoca sudoración incómoda en las manos, incremento en el ritmo cardíaco o simplemente pensamientos negativos acerca de todas nuestras buenas ideas; ahí está el comienzo de su proceso en nosotros. Por lo que, en lugar de tratar de detenerlo; escúchalo, siéntelo y obsérvalo. Posiblemente, dé más miedo dejarlo entrar que materializar nuestros proyectos, pero es necesario como nuevo emprendedor, hacer frente a las emociones de las que somos responsables; las nuestras.

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Una vez levantados frente al miedo, entendiendo que está fuera de nosotros, como si fuera persona, podemos ver su tamaño real, sus dimensiones y sobre todo, sus intenciones. Ya que lo escuches con atención, escribir todos los pensamientos y sensaciones que te provoca, es muy útil ya que de ésta forma, podrás tener pistas sobre su origen, como ya mencionamos, como si fuera una persona; de dónde viene, en dónde nació y a qué se dedica, es decir, tu miedo es tan solo una de las tantas creencias con las que crecemos. Si al leer tus propios apuntes, te das cuenta de que tu miedo habla sobre la posible falta de capacidad intelectual o estratégica para hacer negocios, valdría la pena que reflexionaras sobre ¿quién te enseñó a pensar eso de ti?, ¿por qué los empresarios consagrados tendrían más capacidad que tú, si son de la misma especie? Por otro lado, si tus pensamientos viajan hacia la tierra del “Nunca sucederá y menos para mí, ¡Jamás!”, es posible que también tengas ideas erróneas sobre tu propio negocio, si un día lo pensaste como algo viable, ¿por qué no habría de sucederte? cuando no es cuestión de suerte, ¡es de trabajo!

Por último, probablemente has estado poniendo tanta atención en la estrategia para tu nuevo proyecto, idea o sueño que sufres del síndrome en el que se piensa tanto, que no se actúa mejor conocido como “Parálisis por análisis”. Si notas que esto te pasa ya que van diez productos que se te habían ocurrido a ti antes que a nadie y ahora, los ves anunciados hasta por televisión; es necesario un desbloqueo mental que te ayude a cambiar de “frecuencia” en lo que a energía se refiere. Aunque no lo creas, cambios en tu persona, lugar de trabajo o alguna actividad que se salga de tu rutina como es un viaje espontáneo a un lugar que represente un reto, un cambio radical en tu imagen o tirar ese feo sillón que nunca te ha gustado y comprar el de tus sueños; pueden ayudarte a hacer del miedo un cómplice en tus sueños. Si te vas de campamento, el miedo dejará de dedicarse a nublar tus pensamientos emprendedores y te ayudará a pensar bien y rápido ¡cuando escuches el tronido de una rama fuera de tu tienda de campaña!

El miedo está hecho para alertarnos de situaciones que nos puedan causar peligro, que atenten contra nuestra integridad; sin embargo, cuando creemos que él es más grande que nosotros y desconfiamos de él como se desconfía de un desconocido o deja de funcionar para lo que en realidad está hecho, nos aleja de nuestras metas y de nuestra felicidad.

Ya que después de todo, hacer nuestros sueños realidad, abrir esa tienda que siempre hemos querido o capitalizar nuestras ideas, ¿no precisamente suena a algo de lo que debiéramos protegernos, o sí?

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