¡Cuidado! ser empresario tiene sus riesgos, pero permanecer como empleado… todavía más

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¿Tienes la inquietud de formar tu propia empresa, pero por azares del destino, todavía no te has decidido? Aquí te presentamos tres pasos definitivos para que te conviertas en un empresario en serio y dejes de arriesgarte a permanecer como empleado el resto de tu vida.

Ser empresario no es una labor sencilla, mucho menos en nuestros días. Vivimos en un mundo cada vez más globalizado, en donde las cosas están cambiando a tal velocidad que es difícil seguirles el paso. Las formas tradicionales de hacer negocios se redefinen, los mercados evolucionan, industrias enteras desaparecen y aparecen otras nuevas. Sin embargo, además del cambio vienen nuevas y grandes oportunidades de negocio, que traerán consigo grandes retos para líderes capaces e imaginativos.

Por ello si deseas aprovechar estas oportunidades y tomar las riendas de tu propio destino, necesitas darle la verdadera dimensión a la tarea. No basta con tener ganas de ser empresario; no basta con creer que se cuenta con una buena idea y aburrir a tus amistades con ella en todas las reuniones sociales; no basta con abrir “un changarro” para sacar a duras penas los gastos; para ser un empresario en serio debes ir mucho más allá.

Cada persona es diferente y cada caso es único; pero, con base en mi experiencia personal, migrar de empleado a empresario representa cuando menos tres pasos muy marcados:

1. Estar firmemente convencido de querer ser empresario o morir en el intento.
2. Tener un proyecto viable y con altas posibilidades de éxito.
3. Adquirir las habilidades y aptitudes necesarias para concretarlo y llevarlo al éxito.

Decidiéndote a emprender tu propio negocio

Son muchas las razones internas o motivaciones personales que pueden influir en una decisión de esta naturaleza: ser tu propio jefe, libertad de elección, autorrealización, elevación del nivel de vida. En fin, éstas son sólo algunas de las posibles recompensas de ser empresario.

Sin embargo, existen otras razones externas muy importantes y que debemos considerar seriamente. Con base en cifras del INEGI, en México hay cerca de 41 millones de personas menores de 19 años, jóvenes que se irán incorporando año tras año al mercado laboral. La población económicamente activa (PEA) o la fuerza laboral del país se calcula en unos 44 millones de personas.

¿Qué pasará en los próximos 20 años en México? Unos 20 millones de adultos mayores dejarán de laborar, pero se habrán integrado otros 40 millones jóvenes, lo que se traduce en una fuerza laboral de aproximadamente 60 millones de personas. De este simple cálculo se desprende el tan popular millón de empleos anuales que requerimos como país para poder satisfacer la demanda laboral.

¿Qué significa lo anterior? En términos simples y utilizando la ley de la oferta y la demanda, supone lo siguiente: a mayor oferta laboral, menores sueldos y salarios. A menores sueldos y salarios, menor nivel de vida y menores opciones individuales. Así de sencillo. Por tanto si sigues pensando tener un buen empleo el resto de tu vida, piénsalo dos veces: ni tu edad ni el costo de la vida disminuyen con el paso del tiempo.
Desarrollando tu idea de negocio

No todas las ideas son necesariamente oportunidades de negocio y no todas las oportunidades de negocio son adecuadas para nosotros. Piensa en los miles de negocios que abren sus puertas y que cierran antes de los primeros dos años. Te puedo asegurar que sus propietarios creían inicialmente que tenían una gran idea. ¿Entonces qué pasó? De manera simple, NO ERAN VIABLES.

Para que una idea sea una oportunidad de negocio viable, existen múltiples factores que debemos considerar. Por ejemplo:

– Tenemos que encontrar un problema que podamos resolver o una necesidad que podamos satisfacer el negocio en sí)

– Tenemos que estar seguros de poder resolver el problema o satisfacer esa necesidad con eficiencia, ya sea trabajando nosotros mismos o por medio de empleados o socios (capacidad técnica u operativa)

– Tenemos que resolver el problema o satisfacer la necesidad mejor que el resto de competidores (ventaja competitiva o diferencial)

– Tenemos que resolver el problema a un bajo costo, para que con el remanente podamos operar y crecer (márgenes y viabilidad financiera)

– Tiene que haber una cantidad razonable de personas o empresas con el mismo problema o necesidad, de tal manera que aun cuando sólo le vendamos a una pequeñísima porción del mercado, nos baste para operar el negocio (demanda suficiente)

Todos estos factores se consideran en lo que se denomina “plan de negocio”. Un plan de negocio bien realizado te permitirá determinar precisamente si tu negocio es viable o no. Te recomiendo que te acerques a un profesional en la elaboración de planes de negocio o a una persona que tenga experiencia en este ramo.

Además de estos factores, considera que te debe gustar el negocio. Está comprobado que tienes mucho más probabilidades de éxito como empresario si disfrutas y te apasiona lo que haces.

Steven S. Little, un reconocido consultor empresarial, menciona en su libro “Crecimiento de pequeños negocios” la siguiente idea: “La pregunta correcta no es: ¿Qué negocio debo emprender?… La pregunta correcta es: ¿Qué negocio debo poner en marcha que explote al máximo mis habilidades, pasiones y contactos?”. Responde a esa pregunta y será más factible que cuentes con una buena idea de negocio.

Haciendo tu proyecto realidad

Uno de los errores que cometemos muchas personas cuando emprendemos por primera vez, es creer falsamente que al ser expertos en nuestras áreas de especialidad, tendremos grandes probabilidades de ser exitosos como empresarios. Es decir, pensamos que por el simple hecho de ser buenos ingenieros civiles o buenos contadores públicos podemos disponer de una empresa constructora o un despacho contable de prestigio. Nada más alejado de la realidad.

Un buen ingeniero civil y un buen contador son sólo eso: un buen ingeniero civil y un buen contador. Para ser empresario, se necesitan otras habilidades. Se requiere saber de mercadotecnia, ventas, planeación estratégica, contabilidad, finanzas, impuestos, cuestiones legales. Además de habilidades emocionales para liderar equipos de trabajo, tratar con clientes y realizar acuerdos de negocios.

En consecuencia, debes prepararte lo mejor posible y estar adecuadamente asesorado antes de emprender. Una de las opciones es solicitar apoyo en las incubadoras. Las incubadoras de negocios son organismos encaminados a asesorar y entrenar emprendedores para crear negocios viables. Este tipo de organismos te apoyan desde la planeación, hasta la ejecución del proyecto, así como en la adquisición de habilidades gerenciales. Incluso algunas te ayudan a conseguir capital o financiamiento por medio de inversionistas o fondos gubernamentales.

Lo más valioso de colaborar con una incubadora es que te ayudará a construir escenarios de negocios más reales y a planear tus acciones con base en éstos. Además, estarás expuesto a los conocimientos básicos para concretar y consolidar tu negocio, que muchas veces nada tiene que ver con tu área de especialidad.

Sin lugar a dudas, el camino del empresario no es nada fácil, pero como advierte el dicho popular: “en esta vida, nada que valga la pena lo es”.

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