O CAMBIAMOS O NOS CAMBIAN…

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Parece que desde hace tiempo la palabra cambio se ha convertido en una palabra mágica. Todos estamos viviendo unos cambios realmente acelerados en muchos ámbitos de nuestra vida y nuestro trabajo. Pensábamos que quizás sólo era una cuestión de la tecnología, pero como podemos observar, y de modo participativo, son cambios generacionales, de valores, de actitudes, de visión de futuro, económicos, políticos, legales, ambientales… y así podríamos seguir nombrando más etiquetas de nuestro entorno.

Ya en alguna otra entrada he comentado la importancia de “remar más rápido que la corriente“, y en todas las conferencias y seminarios que imparto, el cambio ocupa los primeros diez minutos. Desde hace unos años que decíamos lo importante que era saber gestionar la incertidumbre del cambio, hasta la actualidad donde entendemos que el cambio se ha instalado y estabilizado, es decir, el cambio es estable porque no dejamos de estar en el cambio. Como decía el gran filósofo Arthur Schopenhauer “el cambio es la única cosa inmutable”. Como en una tabla de surf, todo sucede más rápido y en continuo movimiento, y ahora surgen nuevas competencias precisamente para poder gestionar desde esta nueva perspectiva que provoca más tensión y a veces menos reflexión.

Ya en 1993 Charles Handy comentaba algunas máximas que igual tendríamos que tener en cuenta:

1. Las viejas formas de trabajar se han ido; tenemos que conformar nuevamente nuestro futuro.

2. El cambio no es lo que se esperaba. El status quo no representa ya la manera de avanzar.

3. Si deseamos contar con las oportunidades y no con los riesgos, necesitaremos entender mejor los cambios.

4. La sociedad que se ajusta a los cambios puede utilizarlos y no sólo reaccionar ante aquellos.

5. Los cambios son discontinuos y no forman un patrón.

6. Los pequeños cambios pueden significar enormes diferencias en nuestra vida

7. El cambio discontinuo requiere un pensamiento discontinuo.

8. Importancia de pasar del desarrollo de habilidades a la gestión de conocimientos.

9. El resultado no consiste solamente en menos trabajos sino en organizaciones diferentes.

10. Las industrias de servicios de solvencia son, por tanto, creaciones efímeras, que pueden desaparecer en cualquier momento.

11. El aprendizaje y el cambio nunca son claros ni seguros. Siempre que cambiamos penetramos un poco en lo desconocido.

12. Los empresarios exitosos tienen nueve fallos por cada éxito…equivocarse es parte de hacer las cosas correctamente.

13. El aprendizaje comienza por creer en uno mismo.

Casi proféticamente, todas estas palabras se pueden ajustar perfectamente a nuestra situación actual. De hecho, no me extraña pues el libro de Charles Handy se titula La edad de la sinrazón. Futurología de la administración. Cómo afrontar los cambios del mundo actual.

El matiz claro a tener en cuenta es por lo tanto nuestra vivencia del cambio. Por eso, estos momentos son momentos estratégicos, donde no debemos perder la perspectiva, pero siempre desde el propio cambio. Pero todos somos conscientes de la dificultad del cambio en nuestras organizaciones: viejos métodos repetidos año tras año, culturas tradicionales que son las que acceden al poder, el error como maleficio organizativo, el aprendizaje como elemento opcional, el talento como un elemento de lujo, y la gestión del conocimiento como imagen más que como realidad. Todo ello hace que nuestras organizaciones sean más vulnerables que nunca a la futura realidad. Y por ello, debemos gestionar y entrenar a nuestros profesionales a gestionar su entorno desde el cambio. ¿Qué significa? Sencillamente establecer nuevas formas de pensar en el trabajo y en la organización, de un modo más dinámico. En realidad, el cambio es el desarrollo, el crecimiento, la incesante preocupación y ocupación por moverse hacia delante en pos de unos objetivos de mejora en las diferentes facetas personales o profesionales. ¿Acaso nos debería sorprender entonces tanto el cambio? Quizás el matiz es precisamente la velocidad del cambio.

Este sentido del cambio ha sido recogido en la historia ya repetidamente. De hecho, el cambio sería como en la metáfora de Willliam James sobre la conciencia continua las ola del mar. O incluso yéndonos al siglo VI a. de C. en la Grecia antigua, con el devenir de Heráclito: “todo fluye”, “todo cambia, nada es”. También la filosofía oriental lo ha expresado con el pensamiento de Lao Zi en el Dao De Jing, con una visión del universo en continuo cambio. Sin embargo, lo que todo esto implica, es que al final todo cambio es cambio de uno mismo. Tolstoi decía que “todos piensan en cambiar al mundo pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo”, por eso seguiremos la máxima de Ghandi “sé tú el cambio que quieres ver en el mundo”.

¿Y tú, en qué cambios andas? `Pues ya sabes, o cambiamos… o nos cambian…

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