Ser Emprendedor

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Existen innumerables definiciones sobre la palabra “emprendedor”, desde lo que podemos hallar en la Real Academia Española, siguiendo por innumerables textos de las áreas de gestión empresarial, marketing, ventas, etc. Todas ellas de alguna manera tienen y hacen referencia a un común denominador, la iniciativa propia, con las salvedades subjetivas impuesta por cada autor. En este trabajo no pretendo dar una definición más de las muchas y excelentes que ya existen. En este trabajo, simplemente pretendo dejar plasmado muchos de los sentimientos expresado por numerosos emprendedores con los que me toco trabajar a lo largo de mis veintisiete años de labor profesional y, crear una guía práctica que ayude a tomar la decisión de comenzar o no con un emprendimiento. No pretendo dar una opinión académica que busque una novedosa forma de expresión o definición, solo transcribo desde el corazón, desde la pasión que me enseñaron muchos empresarios de PYMES que día a día buscan con esfuerzo denodado que su emprendimiento perdure en el tiempo.

Desde los inicio de la humanidad han existido emprendedores, en cada una de los distintas civilizaciones que habitaron o habitan este mundo, desde los egipcios pasando por los mayas, los fenicios o los persas, hasta nuestros días. Innumerables análisis pretender explicar en mayor o menor medida las características que tiene una persona que lo hace “emprendedor”. Considero que todas las personas de una u otra forma son emprendedoras, son iniciadores de alguna actividad, son los que día a día emprende el camino de generar para subsistir, de generar para sobresalir, de generar para trascender, de generar para dar. Quien conduce un taxi, quien atiende a un enfermo, quien enseña, quien desarrolla un software, quien realiza el análisis cuántico de la materia, quien dirige una empresa metalúrgica, todos son emprendedores. Ahora bien, ¿cuál es la diferencia entre quien emprende una actividad por su propio medio y, quien emprende una actividad bajo la dirección de un tercero? Si todos ellos, tienen necesidades iguales o al menos similares, si todos ellos tienen su propio sueño, su propio anhelo, su propia necesidad de subsistencia, si tienen el objetivo de llegar a ser alguien reconocido o el objetivo que conseguir mayor riqueza, ¿Qué marca la diferencia entre un emprendedor y el otro?

La diferencia entre uno y otro es tan simple, como tan marcada: Coraje para asumir el riesgo, responsabilidad para dirigir el equipo y pasión por el aprendizaje.

Todas estas virtudes existen en el ser humano, la diferencia es quien lograr combinarles en el mismo instante, quien lograr materializarlas a través del tiempo.

Cientos de personas sueñan con tener su propia empresa, con ser hacedores de su propio negocio, sueñan con forjar su futuro por propia iniciativa y no bajo la tutela de un empleador, pero solo muy pocos se atreven hacerlo y, lo que aún es peor, muchos menos son los que logar perdurar en el tiempo con su emprendimiento.

Esas personas no son seres especiales, no son seres privilegiados en una determinada cualidad, no son más ni menos que cualquiera de las demás personas que no se atreven o de quienes se quedan en el intento. Esas personas solo han tenido la paciencia, la perseverancia y sobretodo el coraje de preguntarse y encontrar las respuestas adecuadas en diversos tiempos y espacios a los interrogantes que describiré a continuación. Pero antes de mencionarlos, le propongo que realice el siguiente ejercicio: tome un lápiz y una hoja en blanco, divida a está en dos columnas iguales, en la columna de la derecha coloque como titulo “respuestas positivas”, mientras que en la otra columna coloque como título “respuestas negativas”. Bien, ahora si las preguntas:

1- ¿Tengo temor al riesgo de perder la inversión en el emprendimiento que deseo hacer? Cualquier emprendimiento que deba iniciarse en cualquier lugar geográfico y bajo cualquier actividad requiere de una inversión inicial. Esa inversión puede medirse en dinero, especies o en el trabajo personal, que para un emprendedor significa dedicación de tiempo completo en pos de su iniciativa. Más allá del valor cuantitativo de la inversión (que por obvias razones no es una cuestión superficial), lo que aquí interesa es saber si usted tiene miedo a perderlo todo, o una parte de la inversión o si es capaz de enfrentar el desafío no solo de conservar lo invertido sino, de generar rentabilidad.
Coloque su respuesta en la columna que corresponda.

2- ¿Soy consciente de que para llevar a cabo mi emprendimiento deberé dedicar muchas horas de esfuerzo y dedicación, quizás muchas, pero muchas más que las horas que trabajo en relación de dependencia? El emprendedor, es quien tiene la responsabilidad ineludible de llevar adelante todas las actividades que sean necesarias para lograr su propósito. Es él quien debe fijar y marcar el camino, es él quien hace y deshace, es él quien da impulso a la actividad y esto no es otra cosa que tiempo y más tiempo.
Coloque su respuesta en la columna que corresponda.

3- Si la respuesta anterior fue positiva (es decir, está dispuesto a dedicar tiempo y más tiempo a su emprendimiento), debe responderse lo siguiente: ¿Estoy dispuesto a sacrificar tiempo de vida familiar, en función de una mayor dedicación a la actividad empresarial, en pos de lograr que mi emprendimiento sea el medio de vida para mi familia?

Tenga en cuenta que usted es quien emprende la actividad, usted es quién “abre las puertas” de la empresa, es usted “quien cierra las puertas al concluir la jornada”, es usted quien llega primero, es usted el último en retirarse.
Coloque su respuesta en la columna que corresponda.

4- ¿Estoy dispuesto a dirigir un grupo de personas que trabajen bajo mis órdenes? Esto es, entender que quienes trabajen a su lado no solo son sus compañeros de trabajo, sino que son sus empleados. Ellos trabajaran por su indicaciones, ellos harán porque usted les indica que hacer y cómo hacerlo. No importa aquí, que tipo de líder es usted (eso quedara para otro análisis), lo que si importa es que usted tenga bien en claro, que la relación con las personas se forjará a partir de la autoridad que usted emita, sin eso, no habrá posibilidad de formar grupo de trabajo alguno.
Coloque su respuesta en la columna que corresponda.

5- ¿Está usted dispuesto a desaprender para aprender? Lo que quiero significar con esto es, descubrir si usted tiene o no la capacidad de aprender lo no aprendido en pos de gestionar, dirigir y organizar su emprendimiento de la manera que mejor se adapte a su idiosincrasia y a las condiciones que de una u otra forma obliga el entorno. Es saber si es usted es capaz de volver a capacitarse, de tener la capacidad de elegir a los mejores asesores, es saber si usted tiene la capacidad de poder delegar en el transcurso del tiempo sus funciones. No importa que este momento no se sienta capacitado, si importa que quiera capacitarse, re-educarse.
Coloque su respuesta en la columna que corresponda.

La cantidad de respuestas en cada columna le estará indicando a usted que grado de capacidad de emprender tiene en un momento dado. Lea detenidamente cada pregunta, analícela en diferentes momentos y en diverso lugares físicos con diversos entornos. Hay espacios que más se adaptan para reflexionar según cada persona. Si usted es una persona muy extrovertida, muy probamente la respuesta que obtenga cualquiera de los interrogantes en un ámbito silencioso y de profunda meditación será muy diferente a la que logra en un ámbito de pleno dinamismo y con su música predilecta a gran volumen. Lo contrario sucederá si es usted es una persona más retraída. Esto de ninguna manera es un juicio de valor de una característica u otra de las personas, es solo la mención de que en diversos escenarios y con actores disímiles podemos encontrar respuestas similares.

Solo usted y nadie mejor que usted mismo, sabrá si puede convertirse en un emprendedor o no. El desafío es maravillo, el camino es sinuoso y empedrado, el lugar por llegar inimaginable, maravilloso.

Emprendedor, un “camino” que vale la pena recorrerlo.

“Existen dos tipos de hombres: quienes hacen la historia y quienes la padecen” Camilo José Cela.

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