Confianza…


Las personas no podríamos convivir en armonía si faltara la Confianza, es decir, la seguridad firme que se tiene de una persona, según sea la relación que tenemos con ella. Confiamos (o no) en nuestros hijos, nuestra pareja, el médico, nuestros compañero de equipo, jefes, empleados, etc.

Tenemos seguridad en una persona porque sabemos que en sus palabras no existe el doble sentido o el rebuscamiento; no hace un juicio a la ligera sobre las actitudes de los demás; trabaja con intensidad, procurando terminar la tarea encomendada cuidando hasta el más mínimo detalle; llegará puntual si así se ha acordado o guardará el secreto que le hemos confiado.

Es fácil perder la Confianza en alguien cuando no actúa con justicia, algún comerciante, profesional o prestador de servicios que abusa de nuestra falta de conocimiento o buena voluntad, y pide a cambio una cantidad de dinero que no corresponde a lo convenido.

La mentira tampoco tiene lugar en cualquier tipo de relación, pues confunde la verdad, destruye los sentimientos, provocando una ruptura que pocas veces, o nunca, se puede resanar.

Podemos confundir la “confianza en uno mismo” convirtiéndola en presunción, como una forma de hacernos notar mediante una actitud poco respetuosa a las personas, lugares y circunstancias, tratando bruscamente a un mesero o buscar los medios para no formase en fila en un banco.

Ahora bien, todos somos capaces de generar Confianza en los demás:

– Cada vez que enseñamos a otros a trabajar, aceptando sus fallas y ayudándoles a mejorar, de esta manera podrán adquirir seguridad en lo que están haciendo.

– Para tomar decisiones, tomar en cuenta a los que comparten las mismas responsabilidades, así, con otra visión de la situación se obtienen mejores resultados.

– Saber escuchar la opinión de los demás, sin importar nuestra mejor preparación o el puesto de mayor nivel que ocupamos.

– Ayudar a los hijos a decidir, procurando proporcionarles los elementos que les ayuden a tomar la opción que más convenga.

– Procurando cumplir a tiempo con los encargos que tenemos, en el trabajo, en casa y con los amigos.

– Presentar nuestro trabajo limpio, ordenado y puntualmente.

– Hablar siempre con la verdad.

– Cobrar la cantidad justa de dinero por lo que vendimos o el servicio que prestamos.

– Evitar que se hagan burlas o calumnias de otras personas.

Somos dignos de Confianza por cumplir responsablemente nuestras promesas y obligaciones, ayudamos a los demás con nuestro consejo o nuestro trabajo, evitamos criticar a los demás, generamos un ambiente agradable en las reuniones a las que somos invitados, comprendemos los errores de los demás y ayudamos a corregirlos.

Tal vez los mejores indicadores de Confianza, son la cantidad de amigos que tenemos, el número de personas que acuden a nuestro negocio y las responsabilidades que nos asignan en el trabajo; cuando esto ocurre, podemos decir que somos Confiables.

Fuente Ser Humano y Trabajo (www.sht.com.ar)

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Gestión y Dirección de Empresas Familiares http://ingjosewquan.blogspot.com
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