Un emprendedor es un rebelde

Convocado por el foro tecnológico local Integratics, el empresario mendocino Félix Racca, dio su particular punto de vista sobre los entrepeneurs, el capital de riesgo y la capacidad de los proyectos latinos para financiarse con fondos estadounidenses

¿Puede usted definir qué es un emprendedor?

Y… un loco. Alguien que hace cosas porque le salen de adentro y, aparentemente, sin ningún tipo de sustento racional. Algunas salen bien. Otras no. Y las que salen son suficientes para bancar las que no.

¿Qué porcentaje resulta exitoso?

De 15 empresas que fundé, sólo dos o tres se fundieron. El promedio, en el mundo, es una de cada cinco.

¿Por “locura” usted hace referencia a la creatividad?

A la excentricidad. A la capacidad de pensar fuera de la “caja” en la que nos han metido. La capacidad de pensar en grande, de imaginarse cambiando el mundo.

¿Para usted eso es talento o un conocimiento adquirido, fruto de algún proceso, de atravesar algún umbral?

Sí. Un umbral que yo pasé fue el de dejar de trabajar por objetivos para seguir lo que me dicta el corazón. Siempre fui un tipo con muchos ideales, desde chiquito quería ser santo, multimillonario… Pero me ceñía a estereotipos. Mi padre, que murió joven, era arquitecto, un hombre con una gran libertad de espíritu. Pero mi libertad de espíritu vino después de haber seguido con bastante pasión el dogma de otros.

¿Estudió alguna profesión?

Sí, en la Universidad de Buenos Aires, ingeniería industrial, pero no me recibí. Hice estudios de analista de sistema, de electrónica, filosofía y teología, pero lo único que terminé hasta ahora a nivel académico fue un posgrado en el IAE, orientado a directores de pequeñas y medianas empresas.

¿Cómo fueron sus inicios laborales?

Empecé enseñando inglés en un colegio. Me había criado en Estados Unidos, a donde nos fuimos en 1955, tras el derrocamiento de Perón, a un pueblo chico en Pensylvania. Otoño multicolor y esquí todos los fines de semana. Volvimos en la época de Onganía. Ahí tuve mi primer gran depresión. Del bosque a un apartamento de mi tía abuela que me hacia andar con patines para no rayar el piso, encima, en Rosario, imagínese. Pero no fue una depresión real. Me cuesta mucho deprimirme.

Volvamos a aquello de si un emprendedor nace o se hace…

Hay una especie de mito. Yo no era muy arriesgado de niño y fui un adolescente más bien tímido. No nací emprendedor, me fui conformando en él. Pero también es cierto que la estrechez de mira de los jefes que tuve, cuando trabajé en relación de dependencia, me obligó a buscar una alternativa propia. Después de enseñar inglés en aquel colegio, fui estibador en el puerto, estudié programación y comencé con la IBM 360 por mi cuenta con programas para encuestas de opinión, sistemas de logística para la Fuerza Aérea Argentina.

Lo primero que quise montar solo fue una comercializadora de electrodos para corte de chapa, y me fue mal. Y luego, hacia 1983, fundé Intersoft Argentina, en Mendoza, con un Emilio López Gabeiras, quien luego también sería mi socio para fundar Fuego. Intersoft era una empresa de software con la que al principio ganábamos apenas para comer.

Después de unos años, mi socio quiso ir a Buenos Aires y ahí la empresa comenzó a crecer. Desarrollamos el primer motor de base de datos relacional de América Latina, anterior a Oracle, y sistemas integrados de gestión de empresas. Como aquellas eran épocas de inflación y nosotros implementábamos los ajustes necesarios (algo que las empresas internacionales no hacían), crecimos muy rápidamente. En 1993 llegamos a ser la empresa de software más grande de Latinoamérica.

¿Cuánto facturaba?

Quince millones de dólares al año. Teníamos 250 personas, laboratorios en Rusia, sucursales en Brasil y México. Pero crecíamos “a la argentina”, mientras que Oracle crecía a la americana. Nosotros facturábamos 15 millones al año y ellos, que surgieron después, facturaban 1.000. Estaba claro que la carrera la ganaban ellos. Y entonces dije “basta, vamos a inventar otra cosa” y la comercializamos desde USA; eso fue Fuego. Cuando les dije a mis socios que era esto lo que debíamos hacer, me trataron de mesiánico, y no me apoyaron. Lo desarrollé con mis amigos de Ideasoft de Uruguay, y me fui a Estados Unidos, con dos millones de dólares de inversión.

¿Dinero propio?

No, de terceros. Trabajar con el dinero propio no tiene gracia.

El tema es conseguirlo…

Es la prueba de fuego de cualquier emprendedor. Cuando el dinero es propio, uno no testea suficientemente la idea con la realidad. La gracia es convencer a un tercero. Me fui a Estados Unidos, pensando que en seis meses conseguiría el resto. Visité 40 inversores y todos me dijeron que no. Mi autoestima estaba bastante baja, y conciente de que tomaría más tiempo conseguir la inversión, llevé a mi familia para allá.

Mi mujer tenía entonces cáncer en una vértebra; le venía bien cambiar de aire. Por otra parte, yo soñaba con montar la empresa en EE.UU., dejando el factor productivo en Argentina, pero con el marketing en aquel país, porque le daba mayor credibilidad. Estaba cansado de ver cómo se prefieren los productos importados a los hechos en casa.

¿Consiguió inversores al otro año?

No. Ni al siguiente ni al otro. Ya no tenía un centavo, y había visitado 120 Venture Capitalists que me dijeron que no. Estaba jugado, así que tenía que seguir. A fines de 1998 comencé a tener ofertas, pero los abogados me decían que las desechara.

Hasta que finalmente llega la oferta de Sevin Rosen Funds, un fondo grande de Texas, que fue con el que comenzó Compact, Siena, Silicon Graphics, empresas muy exitosas. Los abogados me dijeron que esta sí. Antes de otorgar el dinero, visitaron Argentina, hablaron con los clientes disconformes, con los empleados… Finalmente, abrochamos el negocio. Los U$S 10 millones ya estaban en el banco a mi nombre cuando, al día siguiente, tuve un infarto.

Veo que se recuperó…

Si, mi mujer y compañera de batalla también. Fuego Inc. comenzó a funcionar, pero al año reventó la burbuja de Internet, ya nadie quería invertir más en la red porque había muchos “punto.com” deficitarios… Y luego “setiembre 11″. Aunque todo se derrumbaba alrededor, Fuego Inc. seguía adelante. Pero tuve un entredicho con el directorio y, aunque yo la había fundado, me fui. El año pasado acordamos vender Fuego Inc. en cerca de U$S 100 millones. Ahí no tuve más problemas financieros, así que decidí buscármelos, y me dediqué a ayudar a otras empresas que necesitaran capitales en EE.UU. fundando People Ventures.

De modo que se ha convertido en una especie de mecenas. ¿Sólo en el área de las tecnologías de la información?

No. De hecho soy presidente de tres empresas. Una que se dedica a hacer comida gourmet para exportación, de Mendoza. Otra que se dedica a recibir extranjeros para cazar palomas en Córdoba, y los lleva a la cordillera en donde tenemos 50 mil hectáreas arrendadas para que arríen vacas, y luego tenemos un acuerdo con gente en la Patagonia para que los gringos cacen ciervos y pesquen truchas. Y tenemos, con mi socio en People Ventures (Ron Brittian que fue de la partida de los inversores de Sevin Rosen en Fuego y previamente había sido CEO de Citrix, y presidente de la división de software de Texas Instruments en Dallas) dos o tres empresas de portfolio, una que hace tomografías de hormigón armado, otra que tiene un aparato que mide en tiempo real la cantidad de agua, gas y petróleo que sale a boca de pozos petroleros, y otra empresa que procesa seguros médicos. Recién comenzamos en el 2005 así que los resultados aún están por verse. Pero estamos muy contentos con la evolución de todas ellas, salvo una, USAFON, empresa de voz sobre IP que terminamos cerrando luego de haber invertido medio millón de dólares. Además, por mi cuenta, acabo de montar una peluquería en Colombia, con gente joven que vi apasionada por el tema y a quienes les irá muy bien.

Ese es uno de los secretos, ser un apasionado de la tarea…

No es uno, es “el” secreto. Yo busco emprendedores que tengan eso: amor incondicional hacia lo que hacen. Aunque hay otro tipo de emprendedor, que es el que tiene que probarle algo a la humanidad. Los dos sirven, es mejor el primero.

¿Por qué?

Porque a alguien que hace algo porque le gusta hacerlo, no le importa si le va bien o mal y aguanta mucho mejor las inclemencias del tiempo. El otro es más mental. El 90% de los billonarios del mundo son personas que no terminaron ninguna carrera profesional y esto tiene que ver con la capacidad de escuchar y seguir lo que dice el corazón más que lo que dice el intelecto, la lógica, tus padres, etcétera. De alguna manera un emprendedor es un rebelde.

¿Cómo llegan a usted los emprendedores?

Algunos me buscan porque saben a qué me dedico. Pero también porque soy profesor en la Universidad de Aden, según Latin Trade, la número uno en posgrados en Administración de Empresas, con sede en Panamá. Voy por América Latina enseñando a los estudiantes del MBA cómo presentar un plan de negocios.

Perfil Nombre: Félix Racca Cargo: Presidente y CEO de People Ventures Inc

Edad: 51 Estado Civil: casado; cinco hijos

Es rosarino, pero reside en Mendoza y en Dallas. Fundó en 1996 la compañía de software Fuego Inc., con capital de riesgo de fondos estadounidenses, que en 2005 fue vendida en U$S 100 millones. Ahora está abocado a ayudar a emprendedores latinoamericanos a seguir su camino.

POR STELLA MARIS PUSINO| SPUSINO@ELPAIS.COM.UY

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