El virus del emprendedor


La crisis y la preocupación por la situación económica han puesto de moda dos términos que hasta no hace mucho tiempo pasaban casi de puntillas. Por un lado está la “prima de riesgo”, que se ha convertido en una especie de hombre del saco (o en este caso de la bolsa) que amenaza con disparar el precio de la deuda pública. Por otro están los “emprendedores”, que de repente se han colocado en el punto de mira como objetivo para crear nuevas empresas, abandonar el paro y generar empleo. Pero ¿qué son exactamente los emprendedores? ¿Y qué hay que hacer para convertirse en uno de ellos? ¿El emprendedor nace o se hace?

La respuesta a la primera pregunta es simple: un emprendedor es alguien que emprende una idea de negocio. Y esto enlaza con la segunda cuestión: todos tenemos o hemos tenido una idea de negocio. Detente por un momento y recuerda cuántas veces has pensado en una actividad, producto o servicio que podría tener un cierto éxito de ventas en el mercado. Pues bien, lo que hay que hacer para convertirse en emprendedor es simplemente ponerse manos a la obra y transformar esa idea en una empresa.

Y ahora llega la tercera pregunta, que tiene que ver con los requisitos para ponerse manos a la obra: ¿el emprendedor nace o se hace? Puedes pensar que para emprender hace falta contar con un instinto especial y una serie de habilidades innatas para rastrear oportunidades de negocio. O que sea necesaria una larga formación consistente en dos licenciaturas, un máster y una bonita colección de cursos de posgrado. Así lo piensan quienes ven la situación desde fuera. Pero desde dentro, los propios emprendedores afirman que “el emprendedor ni nace ni se hace, se contagia”. Se contagia rodeándose de otros emprendedores, aprendiendo de quienes han lanzado sus ideas al mercado, conociendo el funcionamiento de ciertos sectores y actividades… Cuantas más experiencias de emprendedores conozcas, mayor será el contagio que te provoquen y la inquietud a montar tu propio negocio. Si aún no estás muy convencido de esto, echa un vistazo a tu alrededor y fíjate en aquellas personas a que conoces y que han montado su propio negocio; seguro que no han necesitado acumular masters ni diplomas. De hecho montar una empresa tampoco requiere demasiado esfuerzo.

A todos se nos ha ocurrido en alguna ocasión una idea de negocio, por lo tanto todos somos emprendedores en potencia. Lo único que necesitas para trasladar esa idea al mercado en forma de negocio es dejarte contagiar por el virus emprendedor. Y eso se consigue rodeándote de talento, aprendiendo de las experiencias (buenas y, sobre todo, malas) de otros emprendedores, perdiéndole el miedo al fracaso y buscando el mejor asesoramiento posible por parte de expertos y profesionales.

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