El síndrome del emprendedor convertido en director general


por Salva López

¿Qué es exactamente un emprendedor? Es una persona con una idea y con la determinación de convertirla en un modelo de negocio real que genere ingresos. Es una persona con una gran dosis de decisión, de valentía y de arrojo, porque crear una empresa es verdaderamente un acto digno de elogios. Si le sale bien, acabará generando un negocio razonablemente estable y varios puestos de trabajo, generando valor para el mercado y para sus empleados. Algunos emprendedores construyen pymes, y otros llegan a construir empresas mayores que en un momento dado incluso se internacionalizan y acaban convirtiéndose en grandes multinacionales.

El emprendedor suele partir de una idea de negocio y de unos productos o servicios que tiene en mente. En muchos casos también existen unos clientes iniciales que garantizan la viabilidad del negocio en un primer momento, aunque pronto se debe ampliar la cartera de clientes para no depender exclusivamente de esos pocos que ayudaron al principio.

La diferencia entre ser un soñador y saber soñar

Pero si algo caracteriza a los emprendedores es que tienen una visión de futuro, han creado un sueño que guía sus pasos, y todo lo que hacen va en su dirección. El emprendedor invierte una gran cantidad de energía, física y mental, en construir su negocio. En esa etapa lo más importante es el entusiasmo, que es el combustible que proporciona toda esa gran cantidad de energía necesaria.

Es fundamental que el emprendedor no se deje llevar por ilusiones, sino que sepa diseñar un proyecto viable, basado en una verdadera oportunidad de mercado, y no en sus propias ganas de hacer algo que le guste. Por supuesto el ideal será que aquéllo que le guste hacer tenga el potencial de convertirse en un modelo de negocio rentable, pero no siempre es así. Ahí radica la diferencia entre ser un soñador y saber soñar.

¿Y si el proyecto triunfa?

Bueno, si todo va bien, si el sueño estaba “bien soñado” y si el lanzamiento fue efectivo, entonces el emprendedor se encuentra al cabo del tiempo convertido en director general de su empresa, y enfrentado a un escenario que tiene muy poco que ver con su sueño inicial. Ahora es el líder de un equipo humano que espera muchas cosas de él, y también es la cabeza de mando de un mecanismo repleto de obligaciones (fiscales, administrativas, financieras, legales, laborales…). Su día a día se aleja notablemente de la etapa en la que, lleno de entusiasmo, luchaba por su sueño y construía, ladrillo a ladrillo, el edificio de su proyecto. Ahora se ve enfrentado a un montón de decisiones diarias para muchas de las cuales no está formado ni preparado. Tal vez no sepa negociar con sus proveedores ni con sus distribuidores. Tal vez no tenga el carácter adecuado para liderar a su equipo. Tal vez no sepa analizar los cambios en su entorno ni adaptarse a ellos. En definitiva y sin paños calientes: tal vez no tenga el perfil adecuado para ser el director general.

En mi actividad como asesor de organizaciones me he topado con varios casos de directores generales que padecen el síndrome del emprendedor convertido en director general.

Los síntomas

En general la sintomatología es bastante evidente. Algunos de esos síntomas pueden ser:

-A escondidas: Algunos directores generales se refugian en su despacho a puerta cerrada, e incluso tratan de llegar a él sin ser vistos, para evitar tener que dar respuesta al interrogatorio diario de empleados buscando su guía, para la cual no les queda energía mental.
-Excesiva transparencia: Algunos comparten abiertamente con sus empleados sus altibajos emocionales, sus momentos de ánimo y sus momentos de bajón. Inconscientemente buscan su empatía y su apoyo, pero en la práctica proyectan una sensación de inseguridad y de zozobra directiva, propiciando la desconfianza del equipo. Se espera firmeza de un líder.
-Tendencia a enfocarse: Algunos huyen de su realidad enfocándose en aquellas tareas de la empresa que realmente les motivan (anhelan regresar a los días en que sólo eran emprendedores) y empiezan a meterse en el terreno de personas de su equipo como elefante en cacharrería. A algunos lo que les va es el diseño del producto y el marketing, y es ahí donde nos los encontraremos trasteando.
-Fogonazos: Algunos toman decisiones repentinas y cortoplacistas basadas en comentarios o ideas que han llegado a sus oídos, tratando de orientar mejor a su empresa. La agilidad en la toma de decisiones puede ser una virtud, pero si sumamos agilidad y falta de dirección estratégica a medio y largo plazo, obtenemos una dirección decidida y firme, pero perdida y desorientada, que va dando golpes de timón. Todo esto genera, de nuevo, una sensación de miopía y zozobra que acaba desintonizando al director general de su equipo.
-Espasmos emprendedores: Algunos buscan recuperar el entusiasmo generando nuevos proyectos incluso al margen de su actual empresa, una especie de huída hacia delante. Es muy frecuente encontrarse con emprendedores que cada cierto tiempo generan un nuevo negocio, desenfocándose del que ya tenían en marcha.

Diagnóstico y tratamiento

El “paciente” debe tomar consciencia de que fue un emprendedor, y de que el escenario en que ahora se mueve es muy distinto. Si la amplia variedad de responsabilidades de un director general se le hace una carga demasiado pesada, debe plantearse qué ámbito de la empresa es el que le sigue generando entusiasmo y asumir que tal vez debe delegar las demás funciones para las que realmente no tiene el perfil adecuado. Es una decisión difícil y delicada, eso es evidente, pero si lo que le entusiasma es, pongamos por caso, el diseño de producto, entonces es mejor que se concentre en esas funciones por el bien de todos. Un emprendedor que se caracterice por su entusiasmo creativo no debería languidecer ocupándose de temas financieros ni de recursos humanos. Lo mejor que puede aportar a su propio proyecto es asumir quién es y cuál es su talento, y no tratar de ser algo que no es y que no le hace feliz. Como reza el dicho popular, “cada palo que aguante su vela”. La cuestión es bien simple: ¿debe el que inventó la hélice ser siempre el capitán del barco? En determinados casos tendrá aptitudes para ello, pero en otros casos no.

Autor Salva López . Profesional multidisciplinar, compagina su actividad como asesor de empresas con su actividad académica en ESADE Business School. Speaker profesional, dirige dos programas de radio sobre música y lidera la banda de rock Telémaco Dormía. Autor del libro “ROCKvolución Empresarial” (Ed. Empresa Activa); se define a sí mismo como un “learnaholic”.

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