Emprendedor: Cómo Hacemos cuando todo depende de mi


Por Claudio Penso

Una tempestad hizo naufragar el barco. En la oscuridad, Gulliver nadaba hacia la costa. Casi exhausto llegó a la arena y se desmayó. Estaba en Liliput, un país donde los hombres eran diminutos. Lo vieron y dieron la voz de alarma: – ¡Ha llegado un gigante! Tenemos que impedir que nos ataque. ¡Vamos a atarlo! El sol había empezado a calentar cuando el prisionero se despertó. ¡Qué conmoción! ¿Qué es esto? – exclamó el náufrago-. ¿Quién me ha hecho prisionero? …
Cuando todo depende de mi, soy un embudo porque permito que muchas personas descarguen su responsabilidad sobre mi. Me siento agobiado, actuando sobre las emergencias, sin tranquilidad ni tiempo para pensar, prevenir, ni disfrutar de lo que hago.
Herramienta: ¿Liderazgo de Traslación o Rotación?
La traslación de la Tierra es el movimiento de este planeta alrededor del Sol, que es la estrella central del Sistema Solar. La Tierra describe a su alrededor una órbita elíptica.
La rotación de la Tierra es el movimiento de este planeta sobre su propio eje.
¿Cómo gestionamos nuestra complejidad? ¿Haciendo que las personas giren alrededor del Proyecto con soluciones? ó ¿Girando inútilmente sobre nuestros viejos problemas una y otra vez?
Cuando hacemos traslación, podemos disfrutar de todas las estaciones de nuestra órbita elíptica. Cuando rotamos sobre nosotros, sólo vemos sin perspectiva, la gestión de 24 horas.
¿Cuáles son las cuerdas que nos mantienen prisioneros?
– Preferencia por la operación. Hacer antes que controlar.
– Quedarnos atrapados en los detalles.
– La falacia “yo lo puedo hacer mejor”.
– Inseguridad.
– Resistencia a tolerar errores.
– Falta de confianza en los colaboradores.
– Perfeccionismo excesivo.
– Falta de habilidad organizativa para equilibrar las cargas de trabajo.
– Delegar la tarea y responsabilidad pero sin autoridad y autonomía.
– Incertidumbre respecto a las tareas e incapacidad para explicar
– Dificultad de ceder el control.
– Fallas en la supervisión.
– Colaboradores que rehuyen la responsabilidad.
– Desorganización y carga de trabajo excesiva.
– Inmersión en trivialidades.
¿Cómo cortamos las cuerdas?
Cuando asignamos tareas tratar de que sean desafiantes, realizables y medibles, acordes con su capacidad.
Revisar cómo damos instrucciones en forma clara y precisa. Las percepciones naufragan sin foco en la comprensión.
Nuestro desafío es comprender que tenemos que rodearnos de personas eficaces. No es verdad que todo depende de mí.
Delegar un desafío sin autoridad es estar condenado a controlar los detalles en vez del resultado.
Concentrarse en el resultado en lugar del proceso.
Evitar la trampa de la delegación invertida, cuando la gente nos pasa el problema.
Controlar la ansiedad, comprendiendo que los tiempos del proceso nunca coinciden con los propios.
Evitar distracciones con otras tareas.
Hábito de “empezar y terminar” con plazos y objetivos.
Autor Claudio Penso
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