7 claves para formular bien un objetivo y lograrlo


por Mertxe Pasamontes
La formulación de objetivos era un tema del que ya había hablado en alguna ocasión y que daba por “sabido”. Pero al ver la fascinación con la que algunas personas retuitean los comentarios de cualquier ponente cuando habla de cómo formular un objetivo (ni que sólo diga una condición) no puedo dejar de pensar que estoy dando por sabido algo que no lo está. Por eso he decidido explicar el tema de una manera concisa pero más completa que otras veces, para que no quede mucho lugar a dudas. Es de suponer que nos ponemos objetivos porque tenemos unas metas que queremos alcanzar y los objetivos son esos peldaños que nos ayudan a alcanzarlas. Ya hablé también en una ocasión de que era mejor un enfoque estratégico que además de los objetivos recogiera todo el planteamiento pero los objetivos han de estar ahi.
Para que se dé una buena formulación de objetivos fíjate que tu objetivo cumpla las siguientes condiciones:
1. Formulado en positivo
Tienes que formular tu objetivo diciendo lo que quieres, no lo que no quieres. Muchas veces, nos descubrimos a nosotros diciendo, no sé lo que quiero pero sé lo que no quiero. Esa formulación no es válida, porque el contrario de las cosas que no quiero pueden ser infinidad de cosas diferentes y el cerebro, tiene por costumbre no escuchar el ”no” que va por delante de la formulación. Por tanto, empieza tu redacción diciendo lo que realmente quieres.
2. Concreto
Es también frecuente, cuando hablamos de lo que queremos, decir cosas del tipo, quiero sentirme mejor. Es un comienzo, pero demasiado vago ya que ¿Qué es mejor? ¿Cuánto sería estar mejor? ¿Comparado con qué?. Nos va a ser difícil mesurar el cambio y saber en que punto estamos del proceso y hasta dónde hemos llegado con esa indefinición. Es mejor decir algo estilo: Quiero estar relajada en mi trabajo, la mayor parte del tiempo.
3. Que lo puedas controlar
Otro error frecuente que solemos hacer a la hora de formular nuestros objetivos es pedir cosas que no están en nuestras manos. Si yo digo Quiero que mi jefe sea más simpático, he de ser consciente que aunque yo puedo hacer algo para conseguirlo la mitad de esa decisión depende de otra persona. Si dejo la consecución de mis objetivos en manos de otras personas corro un gran riesgo de acabar decepcionado. Tal vez yo pueda querer que mi jefe sea más simpático, pero a la hora de ponerlo como objetivo, es mejor que ponga sólo lo que realmente yo puedo controlar, por ejemplo: voy a hablarle cuando le vea de un modo empático y colaborador. El resto ya no está en mis manos.
4. Realista
No se trata de no poder tener grandes aspiraciones, pero es mejor que los objetivos que me ponga estén a mi alcance aunque sea con esfuerzo. Si quiero ser astronauta pero ya se me ha pasado la edad de ir a las pruebas, no estoy siendo realista. Y si la meta final es muy lejana, es mejor que empiece con metas más cercanas que me puedan satisfacer mientras no alcanzo esa otra meta más alejada en el tiempo. Si por ejemplo quiero tener una titulación universitaria, puede ser una meta adecuada, pero me será más satisfactorio marcarme una serie de asignaturas para sacar cada año y disfrutar de esos aprendizajes y dejar la meta de la titulación como objetivo final.
5. Temporalizado
Todos hemos oído hablar de los propósitos que nos hacemos en enero, cuando empieza el año, para abandonar, en la mayor parte de ocasiones, en febrero. Cuando me pongo una meta, debo pensar en cuándo voy a empezar, cuánto tiempo le voy a dedicar y en la medida de lo posible, en que lapso de tiempo, aunque sea aproximado, tendría que haberla conseguido (esto último no siempre es posible saberlo). En el ejemplo que decíamos de tener una titulación universitaria, puedo calcular más o menos los años que necesito para terminar, poner la fecha de inicio y marcar un ritmo de pasar las asignaturas. Sobre la marcha, ya vendrán los reajustes si son necesarios, pero nosotros partimos de un plan temporalizado. Así evitamos el riesgo de esa gente que siempre va a dejar de fumar mañana.
6. Ecológico (mirar bien cuáles son las consecuencias)
La palabra ecológico se refiere a qué puedo ganar y perder si consigo mi objetivo. Es importante pararse a pensar en las consecuencias tanto positivas como negativas, ya que muchas veces queremos las cosas sin sopesar demasiado bien lo que van a suponer en realidad para nosotros. Sólo vemos lo positivo. Si seguimos con el ejemplo del título universitario, sería interesante valorar cuál es el beneficio de tenerlo y por otro lado que me va a suponer tener que dedicar horas a estudiar (dejar actividades de ocio, no tener tanta vida familiar, etc.) y si creo que lo que pierdo compensa con lo que ganaré.
7. Qué te resuene emocionalmente
Este punto no suele incluirse en ninguna formulación de objetivos de las que yo he leído o me han explicado, pero creo que es un punto fundamental. El objetivo te ha de resonar de algún modo, has de sentir algo cuando piensas en eso que quieres conseguir, no basta con que sea algo que esté en tu cabeza, has de sentirlo en tu cuerpo. Te ha de sacudir por dentro. Los objetivos mentales son en la mayoría de los casos especulaciones, pero no verdaderos deseos, esos que nacen de lo más profundo de tu ser.
No nos vamos no obstante a engañar y a creer que sólo con formularlos correctamente vamos a llevarlos a cabo. Para que llevemos a cabo los objetivos, lo primero que ha de haber es una motivación verdadera. Y que además sea algo que quieres realmente, no sólo algo que piensas que quieres. Algo que haga bailar tu corazón y no sólo una exigencia de tu personaje. No basta además, con que sea un deseo de algo que nos gustaría conseguir, ha de haber un firme propósito de llevarlo a cabo, aunque suponga cambiar de hábitos y hacer un esfuerzo. Y hacerlo por un período de tiempo prolongado. Si se dan todas esas condiciones y además cumples los siete principios, estás ya en muy buen camino para alcanzar tus metas.
¿Cuáles de estos puntos tienes en cuenta a la hora de formular un objetivo?
Autora Mertxe Pasamontes
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