Un líder es un creador de futuro


Preguntas a las que solemos respondernos: Si, Mediante el proceso de selección, la formación y el desarrollo, Cuantos más mejor, Para ser más competitivos y ganar las “batallas” de mercado.

Las respuestas están mediatizadas por los que cada uno de nosotros entendemos que es un líder.

El concepto de líder es evolutivo, como lo es la cultura humana. El líder del siglo pasado, imagen y ejemplo de los líderes actuales, nunca lo llegaría a ser en su misma situación 60 años después.

No lo sería, y no lo es, aunque así los identifiquemos por costumbre. A lo largo de los años no deberíamos tratar de cambiar las habilidades y competencias que traen y ejemplifican, sino de añadir a estas unas nuevas y eliminar aquellas que socialmente dejan de ser aceptables.

El arengador de masas, gran comunicador, de rápida visión estratégica, visionario con el futuro, exigente con los equipos (grupos humanos que utiliza para alcanzar los objetivos), penalizador con los fallos y dadivoso con los éxitos, maestro de sus subordinados, esforzado, trabajador y ejemplo para los demás, entre otras muchas, son competencias y habilidades demostradas como válidas en el último milenio y que hoy, lo siguen siendo. Cuando las atacamos nos enfrentamos a un proceso de pérdida de valores sociales.

Trasladándonos desde la segunda mitad del siglo pasado hasta hoy, los líderes que nacen y ejercen actualmente deben de perder algunas conductas y visiones sobre los demás que ya no son válidas. El trato a las personas desde una posición padre-hijo, la exigencia sin explicación de los objetivos, el funcionamiento conductivista del premio y castigo, son algunos ejemplos. El resto son válidas.

A esas que considero válidas hay que añadir algunas novedosas y que lejos de identificarse con un liderazgo humanista tienen más que ver con un liderazgo eficiente. Quizás la que menos se practica y que a su vez provoca más recelo en el líder del que aprendimos es la de estar al servicio del equipo.

En nuestro siglo, y en nuestro entorno “occidental”, estar a servicio del equipo, significa ni más ni menos que crear grupos humanos autónomos, capaces de alcanzar los objetivos aún sin la presencia del líder. Estar al servicio de los equipos (actualidad) como contraposición de estar al servicio de los objetivos (pasado) nos lleva al incremento de la productividad y de la eficiencia. No hace mucho una gran compañía me contaba que su Director General potenció mucho la innovación, cuando se fue de la empresa, ésta dejo de innovar. Un ejemplo muy claro del liderazgo del pasado y del que actualmente necesitamos.

Otra conducta necesaria en los líderes actuales es la de influir, en contraposición a la de la primera mitad del siglo XX dónde se imponía u obligaba y a la de la segunda mitad donde se convencía. Influir es alcanzar un grado más sobre el convencimiento. En el acto de convencer a una persona o a un equipo se ponen en marcha las capacidades basadas en los conocimientos y la experiencia, se demuestra mediante argumentos lógicos y racionales las virtudes del camino a tomar. Una vez que somos convencidos somos vencidos en la batalla dialéctica, somos perdedores y como tales afrontamos el camino al objetivo marcado (que buenos son los padres agustinos que nos llevan de excursión). Influir es otra cosa, primero y como en el acto anterior no perder el foco sobre el objetivo, segundo ceder ante los argumentos del equipo pidiendo que los desarrollen y enfrenten las dificultades que como líderes vemos, tercero dejarles que ellos lleguen a sus conclusiones y planes de acción. Estos planes de acción podrán no ser los que el líder pensaba inicialmente, pero con toda probabilidad serán más eficaces pues el esfuerzo por alcanzarlo será mayor.

El liderazgo actual necesita de personas que además de ejercer como líderes del pasado (restando conductas ya no aceptadas) estén al servicio de los equipos y sean influyentes.

Hay otros elementos que considero claves, como la generación de entornos de confianza, la necesidad de generar acción o dicho de otra manera compromiso, la coherencia de actos, la vulnerabilidad, etc…

Les invito a que piensen en los personajes que suenan diariamente en los medios de comunicación, del mucho empresarial, del deporte, la moda, política, etc… y evalúen sin son líderes del pasado o líderes del presente. Valoren si están al servicio de lo que les rodea y si influyen en términos de eficiencia (otra cosa es salir en las portadas o en los rankings)

Javier M. de la Fuente

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